9 sept. 2015

LHOTSE - Alberto Valero


Profunda, insoportable, tremenda nostalgia. Nostalgia de esa luz, esa luz gloriosa y esa soledad plena de riqueza, de hambre de mundo y aura y blanco, una alegría inmensa y tranquila –el mundo, el gran mundo es tranquilo, sereno, hasta en sus catástrofes-: la mía era la sonrisa del mundo, esa sonrisa del ser que a la vez era estallido de luz y brisa helada con la que palpitar, pequeña brasa al rojo que era mi gozoso corazón de criatura jugando en el sinsentido feliz del mundo. Dolor y nostalgia por la altura, por la desmesura, porque lo imposible es revelado en esa roca negra, paredes infinitas de majestad indiferente y espectáculo de soberanía, risa primigenia de un mundo que aún es fábula… 
Nostalgia de ir con la nada de lo que acontece, de las apariciones, la luz y la sombra, el viento y el silencio, de esas mágicas horas de la tarde de oro y bronce en el hielo y su infinito juego, y no ser nada más que eso, ser nadie, ser nada.

Nostalgia de esa alegría extática, de flauta del origen que cantaba en el mundo, de cachorro que corretea en feliz desafío de vida, seducido por el mundo en mis poros, en mi ser...

Yo era como las nubes de roca y como las rocas que eran veloces nubes, yo era una bestia del origen embriagada de luz y hielo, con el universo en mis huesos. 


(El Lhotse es la cuarta montaña más alta del mundo, con 8.516 m. de altura sobre el nivel del mar. Se halla en Nepal, junto al Everest).

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