Y las vocecitas, claro está,
tan límpidas ellas
tan
brillantes y poséticas ellas ¡ah!,
tan clo-clo-clónicas ellas ¡ah!
y tan amorosísimas ellas
¡ah!
pulgueándo sin cesar de máquina en máquina
de pabellón auditivo externo
a externo pabellón sordo
llevando con tan artíssstica ¡ah!
bondadosa ¡ah!
y
humana dedicación ¡ah!
la dulcemente confeccionada
buena edulcorada nueva
hasta el último
confín
del muy sujeto y muy cableado planeta.
Yanohacenfaltapausas
paralapublicidad... ¡aaah!...
